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Historias de vida – Erlinda Biloria López

Fecha: 
Lunes, Noviembre 18, 2013

 

Por: Erlinda Biloria López[1]

Pudo haberse muerto ya. A los 93 años, contó su historia. Sin embargo nos dejó el legado de cuando y como aprendió el oficio artesanal y otros aspectos de su vida.

“Aprendí a trenzar a los 10 años de edad. Me enseñó mi mamá, primero con trenzas de 11 pies de una sola palma, luego con 11 pies de dos palmas. Después apareció la trenza conocida como Olaya, era de 12 pies, 6 negro  y 6 blanco. De esa trenza de 10 brazadas alcanzaban para un sombrero si eran anchos y 12 brazadas si la trenza era fina.

Era costumbre que se enseñara el quinciano a jóvenes de 15 años. Por esta razón aprendí el quinceano cuando tenía 15 años. Luego mi mamá me enseñó a hacer pintas. La primera pinta fue el piloncito, luego el pancito, también el peine chuto y peine chiquito, el cuatro peine, peine amarrao y peine grande.

Aprendí el 19 a los 30 años. Trencé de esa clase hasta los 60. De ahí en adelante me he dedicado a trenzar quinceano solamente porque es el que más se vende. A esta edad de 92 años que tengo, trenzo para sombrero, las pintas que más uso son el piloncito, las cabrillas, la flor de la cocorilla, el pancito; para los ruedos del ala uso una pinta que mi señor llamó el lindero porque eran las pintas que más se usaba, a esta pinta la forman el gusanito y el pancito.

Anteriormente los sombreros no eran acotejaos, es decir, acomodaos o arreglaos, se trenzaba negro, blanco y pinta. Se medían 10-12 brazadas para un sombrero, en el ala los ruedos pintao con una sola pinta y para la copa sí se usaban varias pintas”

Recopilación: Neida Estada Chimá

Las pintas encierran lindas historias, ya que mediante ellas expresaban su aprecio por las cosas que los rodeaban. Se marcaron y grabaron vivencias y costumbres, lo que permite conocer parte de la historia Zenú.


[1] Pintando nuestra cultura Zenú – Asociación de Artesanos y Artesanas , San Andrés de Sotavento, Córdoba. 2005